Como esta semana estoy un poco harto de politica, voy a omitiros lo entretenido del debate de presupuestos en el congreso, y pasar del tema. Bueno, La unica concesion que he hecho a la politica es la foto que ilustra el post, y solo es porque se han cumplido dos años de la victoria de Espe tras el tamayazo. Y ademas me pareció graciosa. Pero hoy,este es el tema.

Cohecho: Delito consistente en sobornar a un juez o a un funcionario en el ejercicio de sus funciones, o en la aceptación del soborno por parte de aquellos. En el argot periodístico, un cohecho es el regalo que se nos hace a los periodistas oficialmente como agradecimiento por asistir a tal o cual evento o por cubrir tal o cual informacion. En realidad es un intento real de soborno para que se diga lo bueno y se omita lo malo.
Hoy día los regalitos ya no son lo que eran, y generalmente es raro encontrarse algo ‘de calidad’. Claro, que en el resto de trabajos no agradecen nada, así que por poco que sea, algo es algo. Hace uos años, cuando yo aun no curraba en esto, había cosas mas que interesantes, como relojes, perfumes caros o ropa de marca. Ahora, a veces te encuentras algo así, aunque es muy raro; Omega nos regalo hace no mucho un peluco carísimo pero feo de huevos, y una marca de ropa también me regalo dos camisetas tan pequeñas que no le valían a mi prima de 9 años. Pero esas son las excepciones. Lo peor de los cohechos, sin embargo, es que llega un momento que cuando llegas a casa te miran a ver que traes y para quien, y se olvidan de uno, especialmente en navidad, cuando el consumismo se dispara y lo nico ue se quiere son regalos, regalos, regalos.
Los fotógrafos, como siempre, no tenemos ‘derecho’ a nada. Normalmente no nos dan los libros en las presentaciones y también nos ignoran a la hora de enviar paquetes a las redacciones e incluso las cestas de navidad. Esto, en mas de una ocasión ha traído consecuencias, pero no por el regalo en si, sino por el feo de ir a todos entregando el ‘loquesea’ y al llegar a los fotógrafos, cámaras, técnicos y ayudantes de sonido nos dicen que no, que solo para redactores, que ellos son los guays. Huelga de fotografos ¡ya!
Personalmente creo que no hay nada o casi nada -de vez en cuando Telefónica regala móviles de ultima generación de los caros- por lo que merezca la pena humillarse con lo de ‘dame uno anda porrrrfa’, pero si que pienso que es de muy poca educación discriminar a un determinado colectivo.
Las excusas son varias, los libros nos dicen que no porque es el redactor quien escribe, como si ese redactor se fuera a leer el libro en esa mañana, y los catálogos de museos ídem, cuando precisamente somos los fotógrafos quienes mas necesitamos los catálogos, ya que las decenas de fotos que hacemos hay que archivarlas, y uno que no es muy culto no se conoce de memoria el nombre de todos los cuadros de Rubens, por ejemplo.
Sin embargo en el fondo la razón ultima es que los fotógrafos y demás no necesitamos ser sobornados, porque hagamos lo que hagamos y por muy incomodo de ver que sea el sujeto, la foto tiene que salir bien. Es decir, que un redactor puede decir que tal peli es una mierda o que tal peli es genial, pero yo haga lo que haga tengo que sacar a la actriz guapa, y la foto bien expuesta o me despiden por incompetente.
De regalitos estas ultimas semanas he tenido tres experiencias, una con BT, que regalaba pendrives, a mi me dejaron con las ganas, y eso que les sobraron diez o doce. Ni me moleste en pedirlo, aunque por mi cara el de prensa se dio cuenta de lo que le dije sin palabras…
Un par de días mas tarde estuve en una presentación de Sandisk, aquí fui un poco zorro y al ver un montón de MP3 en la mesa le dije a la de prensa ¿me vais a regalar un MP3, que bien? Y claro, no tuvo mas remedio, aunque en este caso si que me lo iba a dar.
La ultima, esta semana, durante la presentación de la nueva imagen de Acciona. Aparte de un buen desayuno -si, siempre comiendo-, se nos obsequio con una bolsa de prensa. En ella se incluía un polo corporativo -si piensan que me lo voy a poner van listos-, un dossier de prensa donde lo único que se hace es decir lo grandes y simpáticos que son -que además es un coñazo porque no tiene dibujos-, un CD corporativo que creo que nadie ve y, esta vez si, el soborno: un pendrive, que según parece es ahora el regalo de moda. Eso si, de 128 megas.